DIEZ
OBRAS DE FIN DE SIGLO
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Ediciones Frontera Sur. Editor Francisco Albornoz. 310p.
e-mail editor: contrapeso@vtr.net
DRAMATURGIA
DEL ESPACIO nuevo!
Agustín Letelier
GRIFFERO
- RADRIGAN nuevo!
Palabras de Alfredo Castro en el Lanzamiento

De la Introducción
"Esta publicacion tiene el valor de conservar el testimonio de
un creador que con su talento y perseverancia ha realizado un notable
aporte a la cultura nacional"..."transformando con lucidez
y rigor el saber en poder."
Alfredo Castro
Del Prologo en Seis fragmentos de Violeta Espinoza
"Todos nosotros,lectores,creadores,historiadores y teóricos
teatrales, en las creaciones dramáticas grifferianas,entre las
fisuras de las fábulas (donde reconocemos la voz del autor) los
animales,los personajes artistas,los espacios metáforicos y las
historias soñadas de algunos personajes,tenemos nuestro lugar,nuestro
código de acceso (la lectura) y nuestro pseudonimo: autores invitados.Y
esa es otra calidad de su dramaturgia; su caligrafía inconfundible"
Paris 2004

GRIFFERO
-RADRIGAN
PALABRAS DE ALFREDO CASTRO AL LANZAMIENTO DE LAS EDICIONES FRONTERA
SUR
Quiero destacar la importancia de la publicación de estos libros
que vienen a saldar una deuda histórica con dos escritores fundamentales
en la dramaturgia nacional como son Juan Radrigan y Ramón Griffero.
A la casi nula publicación de autores teatrales en nuestro país
debemos sumar el hecho que desde hace unos años la creación
y producción teatral han ido perdiendo espacio en la prensa nacional.
Conseguir que nuestras creaciones sean difundidas y destacadas en los
medios de comunicación de manera profunda y continua, se hace
cada vez más difícil. Creadores y algunos periodistas
serios y verdaderamente interesados en la creación teatral nos
vemos enfrentados a competir con líneas editoriales que insisten
en privilegiar la frivolidad y el escándalo de una patética
y decadente farándula. Esto, sumado a una crítica teatral
que por falta de espacio y de interés de los medios de comunicación,
obliga a los críticos a restringirse a someros comentarios informativos.
Si alguien quisiera en el futuro realizar un estudio serio y profundo
sobre la obra de estos autores, a través del material de prensa
publicado, su propósito se verá frustrado o totalmente
tergiversado por un registro parcial e insuficiente. Nunca o muy pocas
veces un crítico teatral ha podido dedicar el espacio que se
merecen estos autores, para analizar en profundidad alguno de los textos
de Radrigán o Griffero, como tampoco el traspaso de estos textos
a la puesta en escena. No hay estudios críticos que permitan
establecer una cronología de su producción dramaturgica,
seguir la evolución de sus temáticas, lenguaje y estructuras.
Por eso quiero agradecer a Francisco Albornoz la importante contribución
que realiza al publicar las obras de estos dos magníficos dramaturgos.
Me parece estimulante que un actor y director joven, motivado por su
respeto y admiración por la obra de Radrigán y Griffero,
haya tomado la opción de publicarlos. Albornoz comprende que
el traspaso de saberes de generación en generación lo
único que hace es potenciar y engrandecer a la generaciones de
nuevos creadores. Como ocurre en los procesos históricos o en
nuestra propia biografía, no es posible ocultar, renegar u omitir
el pasado, sino que esta experiencia, que se sustenta en infinitos ensayos,
hallazgos y reiterados fracasos, debe transfigurarse en un legado estimulante
y necesario para el futuro. En algunos momentos, se ha intentado crear
una falsa distancia, pugna y controversia generacional, que esta publicación
viene a desmentir de manera contundente. Debemos tener claro donde se
oculta nuestro adversario y es evidente que no está entre nosotros.
Publicación, distribución, lectura, puesta en
escena y representaciones. Esta cadena cultural debe ser fortalecida
para contribuir a generar y estimular el interés por el testimonio
político, histórico y biográfico que legan en sus
obras nuestros creadores.
Las obras de Radrigán y Griffero se constituyen en la representación
de la rebeldía individual, rebeldía del oprimido por su
condición social, sexual, étnica, por lo tanto siempre
política, la rebeldía de todo un país que se siente
ofendido discriminado y excluido de un sistema político y económico
extremadamente cruel.
A pesar que ambos autores provienen de distintas y distantes realidades,
se encuentran y se cruzan, cada uno en su personal registro, en la creación
de sus obras. En ambos no creo ver más que realidad, pura realidad.
Son testimonio y autobiografía estrechamente ligadas a lo épico.
No se trata en ellas de glorificar acontecimientos y personajes históricos,
sino de aproximarse a esa realidad, que de tan oculta o paradójicamente
de tan verás y real, crea mito y leyenda. En sus obras se representa
el destino y devenir de sus protagonistas, como un secreto a voces que
es gritado a todo un pueblo.
No se refieren sus obras a las luchas y hazañas de dioses o héroes,
sino que intentan recuperar la pequeña vida de esas minorías-
mayorías, los esfuerzos de sobrevivencia de los sometidos, de
los olvidados, de los que deben ocultarse de la luz del día,
de los que han sido borrados de la memoria oficial. Desde su diferencia
y sin renunciar a ella, sus personajes intentan restituirse en una fuerza
política, rebelde a la ideología dominante, esforzándose
en construir un punto de referencia ética fundacional en un pasado,
siempre anhelado, que permita restituir la justicia y donde lo heterogéneo,
los afectos y la solidaridad puedan volver a ser los fundamentos de
una sociedad equitativa y justa para todos.
Ambos autores recurren en sus obras, a la historia nacional, tomando
la palabra y conciencia de las voces avasalladas por el poder económico,
político, religioso, para escribir nuestra historia “desde
abajo”, desde la subversión, para que permanezcan como
testimonio y documento, que el lector o espectador pueda leer o presenciar
como un registro fiel de la historia real.
Dos dramaturgos que a mi parecer son absolutamente universales en sus
temáticas pero que han permanecido fieles a sus orígenes,
leales a sus pertenencias, solidarios con sus pares, honestos y éticos
en sus posturas políticas a la hora de narrar historias, construir
personajes, por que no se han apartado ni un instante de lo que ellos
son, porque son sus propias historias que nos son narradas en sus dramaturgias.
No ha existido en ellos la pretensión, ni han sucumbido a la
tentación de escribir como lo hacen “otros”, ni acatar
con actitud sumisa y esclavizante, la “nuevas tendencias”
de la dramaturgia mundial, y sin embargo en su vasta producción
se puede constatar que Radrigán y Griffero nos están señalando
siempre, nuevas posibilidades temáticas, estructurales, lingüísticas,
narrativas. En estos instantes en que me o nos es cada día más
difícil perseverar con nuestras creaciones, en una línea
de producción que permanezca fiel a la historia personal y a
los acontecimientos políticos y sociales que sacuden a nuestro
país y al resto del mundo, ¿Quién puede negar el
golpe teatral que Radrigán propina al teatro oficial, pretencioso
y bien educado, al teatro joven, a la vanguardia, a todos los consagrados,
con la escritura y puesta en escena de Carta Abierta, en plena Plaza
de Armas de Santiago, en el que toca un tema de profundo impacto político,
social y humano que a todos debiera conmover? Personalmente admito mi
envidia, por su saber estar tan lúcidamente en el presente, por
su consecuencia y su capacidad de seguir sus impulsos y necesidades
más profundas como autor.
Definitivamente Radrigán “nos esta hueviando en patota”
(cita a Hechos Consumados). Griffero por su parte siempre ha sido un
adelantado a la historia, desde Cinema Utoppia, donde varios años
antes que Woody Allen, propone y realiza una operación dramaturgica
notable al cruzar el mundo de aquella memorable sala de cine de barrio,
con los personajes de la película, que estos acuden día
a día a presenciar. Pero Griffero cargará con el estigma
de haber nacido en Chile y deberá conformarse con alguna pensión
de gracia y no con los millones de dólares de Woody Allen. Nosotros
les reconocemos a ambos su consecuencia, su genio y permanecerán
inolvidables en nuestra memoria sus textos y también sus puestas
en escenas donde talvez sean los únicos autores capaces de releerse
escénicamente a si mismos y releerse bien, a veces superando
su propia escritura. Radrigán en el despojo más absoluto,
en la inesperanza, en la ausencia absoluta de toda parafernalia que
pueda ocultar sus textos o a sus actores, intentando que esos huevones
No actúen, aproximándose con vértigo al no teatro,
a un punto cero, a la vida misma, pero llena de teatro.
Griffero, en el desborde de lo teatral, en la ocupación total
del espacio, de los cuerpos, en la trasgresión constante del
tiempo, poblando el espacio escénico de poderosas imágenes
que se tragan unas a otras, en un infinito juego de dobles y ficciones.
Ambos siempre en la vida, en la historia, al borde de lo teatral, al
límite de lo real, pero nunca abandonados a la conciencia de
la necesidad de una narración que otorgue toda la verosimilitud
necesaria a sus textos, para que estos puedan traducir las pulsiones
más ocultas o evidentes de un cuerpo pleno de rabia, para que
en ellos resplandezca el fulgor de lo más oscuro de la realidad,
para que el teatro, desde la insurrección, pueda colaborar a
formar un nuevo sujeto.
Estas publicaciones
dejan testimonio de dos creadores que han presenciado el transcurrir
de nuestra historia, y sus obras han sido concebidas dentro de su tiempo
y su lugar, pues el arte no es algo aislado y caprichoso, sino que está
integrado a la historia de todo un pueblo. Su lectura permitirá
en el futuro, reconstruir el estado de ánimo, las atmósferas
de horror y de lucha, de un largo y siniestro período de nuestra
historia, como también de la lucha permanente por la transformación
de una sociedad que crece en la injusticia y la exclusión. Las
dramaturgias de Radrigán y Griffero están íntimamente
ligadas a la relación del hombre con su cuerpo, a la relación
de los cuerpos con la historia.
Rebeldes frente a las estructuras, no han narrado en sus obras nada
que les sea ajeno, en cada una de sus creaciones han dejado constancia
de un devenir, un transcurso de nuestra historia política y social
así como de sus propias historias.
Alfredo Castro.
17- abril- 2005
Dramaturgia del Espacio
Agustín Letelier
La antología Diez Obras de Fin de Siglo da cuenta del talento
del dramatugo Ramón Griffero, su obra y sus espacios.
La editorial Frontera Sur
acaba de editar Diez obras de fin de siglo, una nueva antología
de obras de Ramón Griffero. El título hace un juego de
doble significado: alude a la compañía teatral Fin de
Siglo, que creó Ramón Griffero hacia 1984 al regresar
de Europa -y que ha sido central en el desarrollo de su dramaturgia-
y, por otra parte, a un grupo de obras escritas y estrenadas en los
últimos años del siglo pasado, entre 1993 (Éxtasis
o la senda de la santidad) y 1999 (Las copas de la ira), con sólo
un texto posterior, Tus deseos en fragmentos, que es del año
2003. Además de las obras señaladas, se encuentran otras
que permiten comprender mejor el mundo creativo de Griffero, como Almuerzos
de Mediodía o Brunch, Sebastopol, Río abajo, Viva la República,
y tres textos de formato pequeño.
Ramón Griffero es
uno de nuestros grandes dramaturgos. Su personalidad artística
se proyecta a muy diversos campos de la actividad teatral. Es centralmente
dramaturgo, en el sentido de que crea integralmente sus espectáculos,
pero también, y quizás con mayor énfasis, es un
gran director que ha creado un estilo propio muy característico.
Es, además, agudo crítico de la situación actual
del teatro y maestro de nuevas generaciones desde la dirección
de una escuela universitaria de teatro.
Si pensamos en el conjunto
de su obra, no cabe duda de que pertenece al grupo de autores que emergieron
para mostrar su rechazo a la dictadura, pero -a diferencia de quienes
se distinguieron principalmente por su compromiso político- Ramón
Griffero fue percibido desde el comienzo como un artista superior. En
un tiempo de tensión social, sus posiciones transgresoras pudieron
interpretarse como centralmente políticas pero, en realidad,
su público lo seguía en una forma más integral.
Al terminar las representaciones en el galpón El Trolley, ubicado
cerca de la Estación Mapocho en un lugar impensable para atraer
a un público de teatro, la gente no se iba, se quedaba a seguir
en una fiesta en la que el clima transgresor se daba en las vestimentas,
en las conversaciones, en los grupos que se armaban, y en la efervescencia
intelectual que se respiraba.
Lo que caracteriza la obra
de Ramón Griffero es lo que se ha llamado "dramaturgia del
espacio", término que alude a una amplia gama de significaciones.
Una de ellas se refiere al inusual empleo de los espacios escénicos.
El impacto que logró con Historias de un galpón abandonado
en 1984 se debió, en gran medida, a la serie de sorpresas que
nos fue produciendo a través de la representación. De
partida, el lugar elegido fue efectivamente un galpón semiabandonado
que ocupó casi completamente como escenario. Una cantidad de
objetos heterogéneos -sillas de distintos tipos, camas, mesas-
estaban diseminados en ese amplio espacio, que terminaba en un gran
ropero de tres cuerpos. Lo que parecía una decoración
resultó ser otro espacio escénico del que salían
o entraban personajes. Cuando finalmente se abrieron las tres puertas,
apareció otro escenario completo. Ese juego de sorprender con
la aparición de nuevos lugares mostró que había
allí una concepción distinta de la representación
y del espacio teatral.
Con el tiempo, Ramón
Griffero ha ido haciendo más complejo este sistema, hasta llegar
a una nueva forma de dramaturgia que se inscribe dentro de una "poética
del espacio". Varias obras de esta nueva antología representan
con claridad este procedimiento en que la concepción del espacio
es una forma de representar estados de ánimo, características
de los personajes o climas necesarios para el desarrollo de la acción.
Por eso, lo mejor es que sean dirigidas por el mismo Ramón Griffero
y, mientras fue posible contar con su colaboración, que el diseño
espacial y escenográfico fuera hecho por Herbert Jonkers, cuya
visión global del diseño escénico era genial.
El primer texto de esta antología
es Tus deseos en fragmentos, obra que tuvo un gran éxito en su
estreno en 2003. El subtítulo que ahora podemos ver en la versión
impresa es "Irrupciones conceptuales poéticas de textos
para una poética de espacio", lo que se concreta en un mundo
de imágenes plásticas y conceptuales o puntos de realidad
que van entregando una percepción paralela a aquella de la acción
verbal descrita. La imagen central que articula toda la obra puede comprenderse
mejor a partir de uno de los parlamentos iniciales: "Frente a cada
hombre y mujer que me detengo, lo visito como a un museo". Lo malo
es que hubo salas que no recorrió, y que nunca llegó a
la exposición principal; vio sólo las transitorias. Todo
el desarrollo de la obra es un ir visitando distintas salas de ese museo
que son las personas. Cada una es una sala que se visita y se deja.
Con dolor o nostalgia dice: "Podría haberme quedado para
siempre en alguien, disfrutar de sus detalles, de sus muros... de sus
besos eternos", pero fueron sólo lugares de visita y ahora
enfrenta la soledad.
Los tres textos de pequeño
formato que cierran la antología son experimentales. Breves sugerencias
a partir de una situación bien elegida. En el primero, La Gorda,
la acotación establece: "El espacio escénico es tanto
el espacio interior como exterior de la Gorda, cumplirá esas
dos convenciones". El desafío será forzar la imaginación
para construir en el escenario esos espacios mentales. El dramatismo
de la obra se centra en el contraste entre la cruda y simple realidad
en que se mueve La Pancha y el mundo imaginario en que se sitúa
la Gorda, dado que su amor por Jorge -el atlético salvavidas
que ella admira- no tiene posibilidades reales de concretarse.
La antología Diez
obras de fin de siglo nos permite una mejor comprensión de la
dramaturgia de Ramón Griffero. Cada obra es un mundo individual
y puede captarse en sí misma, sin embargo, es mejor situarlas
en el contexto de una trayectoria en que hay constantes y variaciones.
La antología se enriquece con un prólogo escrito por Violeta
Espinoza Quinlán, investigadora teatral chilena radicada en Francia,
quien, con moderna metodología de análisis, interpreta
siete de las diez obras y establece lo que llama "la caligrafía
inconfundible de Ramón Griffero".
Si pensamos en el conjunto
de su obra, no cabe duda de que pertenece al grupo de autores que emergieron
para mostrar su rechazo a la dictadura.